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Experta advierte de la pérdida de suelo por la erosión tras un incendio

La científica María Tarsy Carballas da la voz de alarma sobre la pérdida de suelo por la erosión producida tras un incendio forestal y las posteriores lluvias torrenciales de otoño, que permiten aflorar las capas de arena árida de los suelos gallegos y dar paso a la desertización.

Imagen del fuego que afectó más de 300 hectáreas de bosque en la comarca gerundense del Baix Empordà. EFE/Robin Townsend

“Digo que esto es mi campaña, pero es más que eso, es una cruzada”, asegura Carballas (Taboada, Lugo, 1934) en una entrevista con Efe.
La veterana científica gallega, doctora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), licenciada en Química, doctora en Farmacia y especializada en Edafología -estudio del suelo-, hace especial hincapié en la necesidad de trasmitir que el suelo y la vegetación son dos recursos naturales “interdependientes”.

“No puede existir uno sin el otro”, añade e indica que el suelo no es renovable y que en Galicia, cuando se produce la erosión en un bosque posterior a un incendio, hay un arrastre de materia orgánica y arcilla que deja al descubierto una capa de arena que es inerte y que, a su vez, degrada las propiedades de la superficie.

Este arrastre de partículas de materia orgánica y arcilla, la poca que existe en los suelos gallegos, genera una pérdida de masa fundamental para los suelos, sostiene.

Para la investigadora, tras un incendio forestal, el firme queda abocado a una peligrosidad inminente porque se produce el afloramiento de las rocas, y en Galicia el 75 por ciento de la superficie está cimentada sobre “rocas ácidas” con una gran proporción de arena.

Carballas explica que en los últimos cincuenta años han aparecido zonas que están al descubierto y que llegan a dejar la roca “al desnudo”, un hecho que es irrecuperable, apunta.

Esta científica incansable ha rememorado la década de los años 60, cuando se inició en el estudio de perfiles de suelos e investigaba sobre superficies con más de un metro de profundidad, mientras que hoy en día “la roca está al descubierto” en esas mismas zonas, ya que la erosión “se ha llevado todo el suelo”.

Por ello, alerta de que pueden pasar miles o millones de años para que, en condiciones propicias, se regenere ese ecosistema.

Aunque cada vez empiezan a aparecer más métodos e investigaciones para ayudar a esa regeneración “desgraciadamente” no todos son eficaces, incide.

Asimismo, señala que la solución “más natural” es hacer una siembra de herbáceas, una mezcla de semillas que broten rápidamente tanto por la parte aérea como por la terrestre, para que, en caso de lluvias, todo el impulso y la fuerza de éstas sea retenido por la vegetación antes de caer en la superficie y destrozar la estructura.

No obstante, este remedio también tiene un inconveniente, que las semillas necesitan un poco de humedad para germinar, un hecho que no se puede asegurar, pero que se estudia para que la siembra se produzca a la vez que la hidratación, lo que sería “una hidrosiembra”, dice.

Otro de los métodos que se está investigando por el Grupo THOR, con sede en la Universidad de Santiago de Compostela y del que Carballas es portavoz, es cubrir la superficie con paja -mulching, en inglés)- para crear una capa vegetal sobre el suelo que proteja el terreno pero sin impedir la germinación de las semillas.

“La paja es un material bastante inerte formado por celulosa y un poco de lignina, pero que no tienen ni nutrientes ni los produce y se adhiere al suelo como si fuera casi pegamento pero sin causar daños”.

La experta explica que es un procedimiento que funciona muy bien pero que es muy caro, por lo que estudian reducir la cantidad de paja siempre que produzca el efecto deseado.

Carballas destaca que aunque lo mejor de un incendio es que no se produzca, e indica que este verano están dando una tregua, advierte de que “no hay que descuidarse”, y afirma que está en desacuerdo con las medidas adoptadas por los Gobiernos que, desgraciadamente, prefieren invertir más en la extinción que en la prevención, un aspecto en el que, en la praxis, “no hay campañas”.

Así, indica que algunas políticas, como la tala de vegetación, es “prácticamente inútil”, ya que no cree que esta “influya en que se produzca un incendio”.

“Todo el mundo cree que las plantas pirófitas -los pinos o los eucaliptos- favorecen el incendio. Eso no es cierto. Cualquier tipo de vegetación, si le prenden fuego, arde. En lo que sí influye el tipo de vegetación es en la propagación”, subraya.
La científica, a sus ochenta años y pionera en el estudio de la génesis, clasificación y cartografía de los suelos de la zona templado-húmeda de España, expone que su grupo ha desarrollado sistemas de prevención, como el índice de peligro de incendios, un sistema que agiliza la toma de decisiones y también otro para guiar en la recuperación de los suelos quemados.

Procedimientos que funcionan poco más o menos que como adivinos, pero sin una bola de cristal y sin tener en cuenta el azar, sino una serie de algoritmos y una base de datos histórica que, a través de un procedimiento estadístico, afianzan los resultados, pero que el Gobierno gallego ha dejado de usar.

Caraballas, premio a la excelencia Química en el año 2012, afirma que el índice de peligro de incendios de su grupo es “el mejor que se ha hecho para Galicia” y que la Xunta “lo sabe”, pero que no lo quiere utilizar porque tiene otro que “supondrán que es mejor”, concluye.

 
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