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Genes responsables del desarrollo del cerebro, claves en la domesticación del conejo

Un equipo internacional de investigadores, con participación española, ha constatado que los genes que controlan el desarrollo del cerebro y el sistema nervioso resultaron esenciales en la domesticación del conejo, que comenzó hace 1.400 años.

EFE/Gyoergy Varga

EFE/Gyoergy Varga

El conejo de monte es esquivo, ágil, un animal siempre alerta ante los múltiples peligros que le acechan, ya sean un águila o un halcón, el zorro o un cazador escopeta en mano. Su comportamiento es la antítesis de un conejito de compañía que se deja acariciar mansamente o espera en su jaula a ser alimentado. Las diferencias genéticas entre los animales en estado salvaje y los ejemplares domesticados de la misma especie no han sido explicadas aún por la ciencia. Sin embargo, un nuevo estudio que se publica en el número de esta semana de la revista Science arroja luz sobre estos cambios que modifican el comportamiento de los animales para que convivan sin problemas con el ser humano.

 Algunas especies fueron domesticadas hace ahora de 9.000 a 15.000 años. Es el caso de animales de granja como vacas y bueyes, cerdos, cabras y también el llamado “mejor amigo del hombre”, el perro. El equipo internacional de investigadores que ha llevado a cabo el estudio se ha centrado sin embargo en el conejo.

“Los conejos fueron domesticados muchos años después, hace sólo 1.400 años. Eso nos permitiría observar cambios iniciales en la genética que se producen durante el proceso de domesticación de una especie. Y eso implica que todavía resulta sencillo encontrar población en estado salvaje y compararla con sus semejantes domésticos”, explica a EFEfuturo Kerstin Lindblad-Toh, directora de Biología Genómica de los Vertebrados del Instituto Broad del MIT de Harvard y profesor de la Universidad de Uppsala, en Suecia.

El origen de la especies de Darwin


El equipo secuenció el genoma de seis especies de conejo doméstico y los conejos de monte que habitan 14 entornos diferentes de la Península Ibérica y el sur de Francia. Existen diferencias a nivel genético que permiten al animal acercarse a las personas sin temor. Y en el caso del conejo, ir más allá y cambiar drásticamente su comportamiento.

En su libro emblemático, El origen de las especies, Darwin escribió, según recuerdan los autores, “no existe un animal tan difícil de domesticar como una cría de conejo silvestre y a la vez pocos animales son tan dóciles como la cría de un conejo doméstico”. La teoría que sustentaban algunos investigadores es que debería haber cambios importantes en algunos genes concretos para semejante transformación.



“Sin embargo, nuestros resultados indican claramente que son en realidad pequeñas variaciones que afectan a muchos genes relacionados con el desarrollo del cerebro y el sistema nervioso”, añade Lindblad-Toh .

¿Revertir el proceso?


Los científicos no observaron un gen totalmente inactivado en el conejo doméstico respecto al silvestre. Es decir que no hay una diferencia en los genes que portan unos y otros, sino en el modo en el que se regulan, es decir, cuánto de ese gen es utilizado por las células para una determinada función. Esa acumulación de pequeños cambios conducen a la inhibición de la respuesta a un ataque aéreo y que un conejo de monte no se deje atrapar fácilmente y su hermano domesticado sí.

Es posible que este proceso sea común a otras especies animales según los investigadores, pero lo importante es que abre la puerta a una pregunta: al no haber cambios drásticos en el ADN, ¿se podría revertir el proceso de domesticación y convertir un conejo doméstico en silvestre de nuevo?



Miguel Carneiro, del CIBIO/Inbio-Universidad de Oporto (Portugal) asegura en declaraciones a EFEfuturo que “sí sería posible, porque la diversidad genética está presente en ambos animales, no son exclusivas del conejo doméstico.”

“Hay algunos indicios que lo apoyan. Por ejemplo si observamos el pelaje de algunas especies, incluido el conejo, cuando unos ejemplares domésticos con una variedad concreta de color son liberados a un entorno salvaje y se establecen en una zona determinada, esas poblaciones tienden a recuperar el color original de sus homólogos en estado salvaje y eso ocurre en apenas unas generaciones. Es probable que suceda lo mismo con otros rasgos”, concluye Carneiro.

 
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