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IXV, un punto de inflexión para la ESA

EFEFUTURO.- El lanzamiento del prototipo IXV, con el que la Agencia Espacial Europea (ESA) prueba su capacidad de reingreso en la atmósfera, situará a Europa en un lugar “no desdeñable” en la cooperación aeroespacial, ha dicho el director general de la ESA, Jean-Jacques Dordain, en una entrevista con varios medios internacionales, entre ellos, Efe.

 

Recreación artística de la misión IXV. ESA.

“EE.UU., Rusia y China ya pueden traer de vuelta a humanos, ¿de qué serviría ser los cuartos?. Preferiría ser de los primeros en proponer algo nuevo. En lo que respecta a la reentrada, podría ser la vuelta de muestras. Y somos lo suficientemente buenos como para intentarlo”, declaró Dordain durante el viaje al puerto espacial de Kurú.

Desde esa estación en la Guayana Francesa, y a través de un cohete Vega, el más ligero de los operados por Arianespace, el Vehículo Experimental Intermedio (IXV) prueba en vuelo la tecnología desarrollada por Europa en materia de aerodinámica, protección térmica y sistemas de navegación automática para el regreso a Tierra.

No hay todavía un proyecto definitivo asociado al desarrollo operativo de esos sistemas, pero, según Dordain, estos suponen “un paso tecnológico que puede ser útil para un amplio margen de futuros proyectos”.

“No estoy seguro de que Europa necesite desarrollar vehículos para traer de vuelta humanos, pero sí de la necesidad de traer muestras de misiones a otros planetas, especialmente Marte, y eso es algo en que esta tecnología puede usarse”, dijo.

La misión, que terminará a los 100 minutos con el amerizaje de la nave en el Océano Pacífico, constituye un punto de partida para el desarrollo de sistemas de transporte espacial reutilizables.

Con dos toneladas de peso, cinco metros de largo, 2,2 de ancho y 1,5 alto, el IXV validará un diseño de fuselaje que, sin alas, incorpora la simplicidad de las cápsulas con la capacidad de maniobra y control de los vehículos alados.
La parte más delicada del proyecto será su propia reentrada en la atmósfera, a 27.000 kilómetros por hora, pero según apunta Dordain, todo lanzamiento es en sí mismo no un milagro, pero sí un logro en el que la línea que separa el éxito del fracaso “es muy fina”.

“Si no tomas riesgos no innovas. Si quieres ser el primero en algo tienes que tomarlos. Confío plenamente en mi equipo, pero es la primera vez que hacemos algo así, y sí, es arriesgado”, confiesa el máximo dirigente de la ESA, que el próximo 30 de junio abandonará su cargo.

El vehículo, que se elevará unos 420 kilómetros antes de iniciar su regreso, está equipado con 300 sensores, cuyas conclusiones se introducirán en el futuro programa para un demostrador reutilizable en órbita (Pride), que se espera que sea capaz de aterrizar automáticamente en una pista.

“Pride es la etapa de después, pero veamos primero qué pasa con el IXV”, señala Dordain, para quien la importancia de este prototipo es la comprobación de sus avances tecnológicos y de su diseño.
Siete países, incluido España, participan en este primer programa, que ha rondado los 150 millones de euros. Y su coste, a su juicio, no entraña dobles lecturas: “Es el número de ingenieros multiplicado por el tiempo empleado. No estamos tirando 150 millones por la ventana, estamos pagándoles por su trabajo”.

Hoy, un equipo de esos expertos en tres continentes y en alta mar trabajará codo con codo monitorizando su vuelo libre, su reentrada y su amerizaje, momento en que será recogido por el buque “Nos Aries”.

“El éxito siempre parece fácil, pero no lo es”, sostiene el representante de la ESA, consciente de que aprender a regresar a la Tierra de forma autónoma y controlada abre un nuevo capítulo para la agencia. EFEFUTURO
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