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La cueva de Altamira, la “Capilla Sixtina” del arte rupestre

Considerada la “capilla Sixtina” del arte rupestre, la cueva de Altamira volverá a recibir visitas de forma experimental tras permanecer doce años cerrada al público, de tal forma que cinco personas a la semana podrán admirar las pinturas que alberga este yacimiento descubierto en el siglo XIX.

Fotografía facilitada por el museo de Altamira de algunas de las pinturas de la Cueva de Altamira. Una investigación de la revista "Journal Archaeological Science", apunta que la cueva de Altamira fue morada durante más de 20.000 años de varios grupos humanos, que dejaron muestra de su arte simbólico, porque para ellos podría haber sido una especie de "santuario. En la investigación, que la revista publicará en papel en unos días pero que adelanta en su versión en internet, se constata que la cueva estuvo habitada desde hace más de 35.000 años hasta que hace 15.000 un derrumbe cerró el acceso a la cavidad, quedando desde entonces aislada hasta su descubrimiento en el siglo XIX. EFE/PEDRO SAURA

Fotografía facilitada por el museo de Altamira de algunas de las pinturas de la Cueva de Altamira. EFE/PEDRO SAURA

Las pinturas de la cueva, situada en Santillana del Mar (Cantabria) a 160 metros sobre el nivel del mar en un cerro de calizas del cretácico, fueron identificadas en 1879 por el naturalista santanderino Marcelino Sanz de Sautuola después de que su hija de diez años las descubriera fortuitamente.

Pero Sanz de Sautuola no vio reconocida en vida la importancia del descubrimiento ya que falleció en 1888 y no fue hasta principios del siglo XX cuando las pinturas de Altamira, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1985, obtuvieron la relevancia merecida.
Abierta al público en 1917, el 25 de abril de 1924 fue declarada monumento nacional por decreto ley y se convirtió en uno de los lugares más visitados de España.

El de Altamira es el yacimiento paleolítico más importante de España: posee una planta con dos tramos acodados de 270 metros de longitud, con obras de arte rupestre en todo su recorrido.

Correspondiente a las culturas Solutrense y Magdaleniense, la estructura de la cueva consta de tres zonas: un vestíbulo con luz natural habitado desde comienzos del Paleolítico Superior, la Gran Sala de los polícromos y otras salas y corredores con manifestaciones artísticas pero de menor importancia.

Así, aunque Altamira conserva más de 260 pinturas o grabados, el conjunto más importante se encuentra en el techo de la sala de los polícromos.

Se trata de una bóveda de 18 metros de largo por 9 de ancho que contiene más de treinta figuras, con representaciones de bisontes, caballos, jabalíes y ciervos, unas figuras polícromas, rojas y negras, que se superponen entre sí adaptándose a los salientes de la roca, para dar sensación de relieve.

Cerrada al público durante 12 años


Desde su apertura al público recibió tal afluencia de visitas que en 1970, durante la reunión Internacional de Ciencias Pre y Protohistóricas en Santander, se alertó de su paulatino deterioro tras la transformación de su microclima, invariable durante milenios.

En 1976, una comisión investigadora creada por la Dirección General de Bellas Artes reafirmó el deterioro del conjunto pictórico y en 1977 se acordó su cierre.

Después de exhaustivos estudios, Altamira se reabrió en 1982, pero de forma limitada: sólo 8.500 personas podían visitar la cueva al año.

Fotografía facilitada por el museo de Altamira de algunas de las pinturas de la Cueva de Altamira. Una investigación de la revista "Journal Archaeological Science", apunta que la cueva de Altamira fue morada durante más de 20.000 años de varios grupos humanos, que dejaron muestra de su arte simbólico, porque para ellos podría haber sido una especie de "santuario. En la investigación, que la revista publicará en papel en unos días pero que adelanta en su versión en internet, se constata que la cueva estuvo habitada desde hace más de 35.000 años hasta que hace 15.000 un derrumbe cerró el acceso a la cavidad, quedando desde entonces aislada hasta su descubrimiento en el siglo XIX. EFE/PEDRO SAURA
Fotografía facilitada por el museo de Altamira de algunas de las pinturas de la Cueva de Altamira.  EFE/PEDRO SAURA

Debido a su estado, se comenzó a idear una réplica de las cuevas, cuyo anteproyecto, realizado por el arquitecto Juan Navarro Baldeweg, fue aprobado en 1994.

La primera piedra de la réplica se colocó el 29 de octubre de 1997 y el 17 de julio de 2001 fue inaugurado por los Reyes el complejo “Nueva Altamira”.

Este complejo alberga, además lo que se conoce como “neocueva”, una superficie de 620 metros cuadrados en la que se reproducen, a tamaño natural, la entrada y el interior de la Cueva de los polícromos.

A pesar de que en 2010 el Patronato decidió reabrir la cueva al público con restricciones, finalmente se acordó constituir un grupo internacional de expertos para fijar las condiciones en las que se realizaría y, en agosto de 2012, se aprobó un programa de investigación sobre este asunto.

En el mundo existen otras tres reproducciones de Altamira: en el Museo de la Técnica de Munich (Alemania), en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y en el parque temático de Ise-Shima, en Japón. EFEFuturo
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