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La interacción entre humanos y animales carroñeros marcó la evolución humana

Un equipo internacional de investigadores considera que las interacciones mantenidas por el ser humano durante milenios con los animales carroñeros, como buitres, hienas y leones, han sido “determinantes de primer orden” en la evolución y el bienestar de los humanos.

 

una hiena en la Reserva Nacional de Maasai Mara, suroeste de Kenia. EFE/DAI KUROKAWA

una hiena en la Reserva Nacional de Maasai Mara, suroeste de Kenia. EFE/DAI KUROKAWA

Además, los resultados del estudio advierten de que el peligro de extinción de los grandes mamíferos carnívoros “amenaza con hacer desaparecer los numerosos servicios” de los que los humanos actuales y futuros podrían beneficiarse.

Esta investigación, liderada por científicos de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche (Alicante), ha sido publicada en la revista BioScience y sus conclusiones, a juicio de los científicos del proyecto, tiene “numerosas implicaciones en la identidad cognitiva, ecológica y cultural del hombre actual”.

El estudio ofrece una perspectiva singular de la evolución humana, desde el origen del primer homínido hace unos dos millones de años, hasta la aparición y el desarrollo del hombre moderno.

Una de las conclusiones más sorprendentes refleja que “los dos atributos más distintivos del ser humano, el desarrollo del lenguaje y la colaboración cooperativa, fueron probablemente resultado de las presiones selectivas asociadas al consumo primigenio de carroña”.

Bajo la dirección de los investigadores del Área de Ecología del Departamento de Biología Aplicada de la UMH Marcos Moleón y José Antonio Sánchez Zapata, el estudio ha contado con el trabajo de especialistas y catedráticos de Johannesburgo (Sudáfrica) y Berna (Suiza), así como de Sevilla.

Desde que la carne se convirtió en componente fundamental de la dieta humana, los hombres han pasado del consumo de animales muertos a la caza de animales vivos, de la domesticación de estos a la explotación intensiva de los mismos, ha explicado Moleón.

En cada uno de estos periodos, según los investigadores, los humanos han estado “estrechamente relacionados” con animales carroñeros.

El estudio muestra que uno de los beneficios para los humanos de esta interacción fue en un principio “la provisión de alimentos, ya que las carroñas eran más fácilmente localizables si otros carroñeros ya estaban presentes en ellas”.

El control de enfermedades infecciosas gracias a la eliminación de los restos animales en las inmediaciones de los asentamientos humanos es otro ejemplo de esta relación de “complicidad”. Por contra, la “competitividad” entre humanos y carroñeros por el alimento llevó a los primeros a perfeccionar las primeras herramientas de piedra.

Al principio, la interacción era principalmente competitiva, pero cuando los humanos pasaron de consumir carroña a generarla, “los carroñeros se vieron altamente beneficiados de la relación”.

Además, en la actualidad, “somos los humanos los que nos beneficiamos de los múltiples servicios ecosistémicos que proporcionan los carroñeros”, ha expuesto Sánchez Zapata.

Sin embargo, el estudio concluye que el actual proceso de extinción de los buitres y grandes mamíferos carnívoros en amplias regiones del planeta “amenaza seriamente con hacer desaparecer los numerosos servicios de los que los humanos actuales y futuros podrían beneficiarse”.

La continuidad de estos animales carroñeros entre nosotros “no es sólo importante para mantener la biodiversidad del planeta, sino también de cara a nuestro propio bienestar y nuestra identidad ecológica y evolutiva”, han afirmado. EFEfuturo
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