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La voz del ave del terror prehistórica

R. Marina // Madrid.- La anatomía del oído de una nueva especie de Phorusrhacidae descubierta en Argentina permite conocer cómo era el tono de voz con el que se comunicaba esta enorme ave corredora de hasta tres metros. Conocida como “ave del terror”, asestaba a sus víctimas golpes mortales con su poderoso pico.

Paleontólogos argentinos han hallado un fósil extraordinariamente bien conservado de un representante de las bautizadas por Larry G Marshall en 1978 como “aves del terror”. Son ágiles y activos depredadores con capacidad para correr tras sus presas que vivieron en lo que hoy es Argentina hace 3,5 millones de años, en el Plioceno. El fósil del Llallawavis scagliai es el primero de esta familia en el que se preserva el 90 por ciento del esqueleto, incluyendo detalles que permiten conocer más sobre la anatomía de su oído y órganos fonadores, la tráquea, huesos de la órbita ocular y el paladar, por ejemplo, lo que ofrece reveladores datos sobre las capacidades sensitiva de estas aves prehistóricas.

Federico “Dino” Degrange, del Centro de Investigaciones de en Ciencias de la Tierra (Cicterra) y la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) -y autor principal del artículo que expone el hallazgo en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology, explica a EFE Futuro que “hemos aprendido muchas cosas acerca de este hallazgo: en lo que respecta a su anatomía hemos encontrado en este animal huesos y estructuras previamente desconocidos o no descritos para los Phorusrhacidae (la familia de aves a la que pertenece Llallawavis, conocidas en Sudámerica como fororracos), entre ellos la tráquea y el oído interno por mencionar algunos. El esqueleto casi completo de Llallawavis nos permitió postular una nueva hipótesis acerca de las relaciones filogenéticas de los fororracos, revelando novedosas relaciones entre algunas de las especies. Por otro lado, se evidencia que eran más diversos hacia finales del Plioceno de lo que previamente se pensaba, lo cual permitirá re-evaluar las hipótesis acerca de la extinción del grupo. Lamentablemente no se puede saber exactamente cómo eran los sonidos que Llallawavis era capaz de producir, pero a través del oído si podemos saber la frecuencia de sonidos que Llallawavis podía escuchar, lo que nos dice qué frecuencias podía producir y estos sonidos eran de baja frecuencia. Creemos que así se comunicaban con individuos de la misma especie o se usaba en la detección de presas”.


Aunque posteriormente se han encontrado miembros más pequeños de esta familia de aves prehistóricas, su denominación como “aves del terror” se desprende del gran tamaño –más de tres metros- de algunos ejemplares y su poderoso pico en forma de gancho. “Todos los Phorusrhacidae –añade Degrange- eran ágiles y activos depredadores con capacidad de correr para perseguir a sus presas (los más pequeños, incluso podrían haber complementado la capacidad de correr con una pobre capacidad de vuelo). Una vez que se encontraban cerca de su presa, la mataban asestándole certeros golpes verticales usando su pico”.



Por su parte, un experto en la materia como Francisco Ortega, del Grupo de Biología Evolutiva de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) añade que “los forusrácidos –Phorusrhacidae–  son un sorprendente grupo de aves corredoras, carnívoras y algunas de gran tamaño que, tras la extinción de los dinosaurios no avianos, probablemente ocuparon posiciones ecológicas próximas a las de sus célebres parientes, los dinosaurios terópodos del Mesozoico”.


“Los autores han podido aplicar técnicas de radiología (TAC) y modelado 3D que les han permitido reconstruir la morfología del oído interno de Llallawavis y, a partir de ahí, inferir algunas capacidades auditivas de estos animales. Se sabe que algunos aspectos de la estructura del oído son buenos indicadores de las capacidades auditivas y, por extensión, de algunos comportamientos relacionados con esta capacidad en aves y reptiles actuales. De este modo, es posible aproximarnos a su complejidad vocal e incluso a la tendencia a la sociabilidad de algunos organismos extintos. Probablemente las conclusiones del estudio son todavía muy preliminares y estamos aún lejos de poder reproducir el “canto” de un grupo de “aves del terror”, pero el uso y generalización de estas estrategias de análisis  y la acumulación de este tipo de información sobre animales extintos nos permiten aproximarnos, cada vez más, a aspectos de su biología que no hubiésemos sospechado hace tan sólo unas décadas”, concluye Ortega.


FOTOS


Figura 1. Anatom{ia de Llallawavis scagliai.. Los huesos coloreados en gris son aquellos que no se han encontrado. Federico J. Degrange, Claudia P. Tambussi, Matías L. Taglioretti, Alejandro Dondas & Fernando Scaglia

Figura 2. Esqueleto de Llallawavis scagliai  expuesto en el Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, Mar del Plata (Argentina). Foto cortesía de M. Taglioretti and F. Scaglia.

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