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Las imágenes de Rosetta aportarán datos para varias generaciones, según CSIC

Las imágenes de la sonda Rosetta, una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) que ha alcanzado hoy con éxito su máximo acercamiento al cometa al que persigue desde hace una década, “aportarán datos para varias generaciones de científicos”, según la investigadora Luisa Lara, del CSIC.

Imagen cedida por la Agencia Espacial Europea.

“Todo ha transcurrido según estaba previsto”, ha asegurado hoy la científica Lara, del Instituto Astrofísico de Andalucía (IAA-CSIC), que es coinvestigadora, junto con Pedro Gutiérrez, y Rafael Rodrigo, del instrumento Osiris de dos cámaras, incorporado en la nave Rosetta.
La nave ya está enviando imágenes del reciente acercamiento (o “rendez-vous”); la investigadora ha añadido que “ya estamos desbordados” con los datos recibidos hasta el momento en el marco de esta misión, que ha recorrido por ahora unas cuarenta veces la distancia de la Tierra al Sol.

Las bolas de hielo sucio que son los cometas, y que alcanzan órbitas muy lejanas, contienen moléculas orgánicas complejas, ricas en carbón, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, según desvelan estudios previos.

Sin embargo, persisten todavía muchos interrogantes sobre su composición, cuyo conocimiento podría aportar información sobre el origen y formación del sistema solar, según los científicos.
Según Lara, la nave Rosetta ha protagonizado hoy una maniobra clave en el sentido de que ha tenido que ajustar su recorrido y reducir su intensa velocidad para igualarla a la del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.

Ambos viajarán a partir de ahora juntos en el espacio, previsiblemente hasta finales de 2015; cada dos o tres días, los científicos “deberán ir corrigiendo” las ligeras desviaciones de órbita de la sonda respecto al cometa, e ir ajustando su velocidad a la de éste, que no es constante, ha añadido Lara.

A mediados de noviembre, la sonda dejará caer su módulo Philae, que se atornillará en la superficie del cometa con unos taladros y arpones, para evitar salir rebotado. “El campo gravitatorio de los cometas es extraño; no se conoce ni su masa ni densidad, y es complejo calcular”, ha explica Lara.

Las previsiones de supervivencia del mismo una vez anclado en el cometa se estiman en torno a cuatro meses como máximo; sus mayores amenazas, el calor, según el cometa se vaya acercando al Sol, así como el polvo que rodea a estos cuerpos celestes, y que podrían terminar dañando la electrónica del aparato.

Hasta la fecha habían sido nueve las naves espaciales construidas para explorar cometas (ICE (NASA/ESRO), Giotto (ESA), Vega 1 (URSS), Vega 2 (URSS), Suikei (Japón), Sakigake (Japón), Deep Space 1 (NASA), Stardust (NASA) y Deep Impact (NASA), sin contar con la fallida Contour (NASA).

En la misión Rosetta, el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) participa en dos de los once instrumentos científicos: Osiris y Giada.

Osiris incluye dos cámaras de alta resolución que proporcionarán una completa historia de la estructura del núcleo y de los cambios en su superficie y su evolución desde el comienzo de la actividad.

Su desarrollo ha corrido a cargo de un consorcio internacional formado por institutos y laboratorios de seis países, de los cuales tres son españoles: el IAA, el INTA y la Universidad Politécnica de Madrid.

Por su parte, Giada, el único instrumento de la misión dedicado al estudio de las características del polvo, dispone de tres tipos de sensores para medir la masa, velocidad, momento y flujo de las partículas de polvo.EFE

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