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Incentivar la conservación para frenar la deforestación de la Amazonía

La deforestación en la amazonía brasileña cayó un 77 por ciento entre 2004 y 2011, pero casi la mitad de esa tala de árboles (36.158 km2)se registró en áreas con grandes latifundios, y sólo un 12 por ciento (9.720 km2) en áreas dominadas por pequeños terrenos.

Imagen de una tala ilegal en la amazonía brasileña. EFE/ARCHIVO/Marcelo Sayão

Imagen de una tala ilegal en la amazonía brasileña. EFE/ARCHIVO/Marcelo Sayão

Así, aunque en ese periodo la tala masiva de árboles se redujo en todos los actores implicados (grandes y pequeños propietarios), la disminución de la deforestación anual de los grandes productores fue “desproporcionada”, según un estudio publicado en PNAS y en el que ha participado Emilio Jorge Tizado, del Departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental de la Universidad de León.

En concreto, entre 2005 y 2001, la deforestación anual se redujo un 63 % en las zonas de grandes latifundios, mientras que subió un 69 % en las áreas de pequeños productores y, entre 2009 y 2011, creció un 88 % en las zonas remotas, según los datos facilitados por Jorge Tizado a Efe.
A la vista de estos datos, la investigación sugiere que las políticas contra la deforestación puestas en marcha hasta la fecha y enfocadas sobre todo a las grandes propiedades -consideradas como ‘puntos calientes’ de la deforestación-, podrían no ser tan efectivas para frenar la tala de árboles en la selva brasileña a partir de ahora.

En el trabajo, los científicos reconocen la gran labor llevada a cabo por el gobierno brasileño en los últimos años para frenar la tala de la amazonía, conseguida con “recursos propios y externos y una gran movilización de la sociedad”, destaca el artículo.

Sin embargo, las políticas de contención de la deforestación del gobierno brasileño, que han supuesto “el mayor esfuerzo del mundo para parar la deforestación y un gran éxito desde cualquier punto de vista”, se han centrado en “desincentivar y castigar la deforestación sobre todo en las grandes propiedades y regiones”.

Esta manera de enfocar el problema podría no ser suficiente en el futuro, según los científicos.

“Conseguir una mayor disminución de la deforestación por parte de los pequeños productores, requeriría grandes esfuerzos económicos para controlar a millones de familias que necesitan abrir pequeñas áreas para sobrevivir”, advierte el estudio.

Pero además, “tendría un coste social muy alto, y sería injusto, dado que los pequeños históricamente deforestan menos y se encuentran en situaciones socioeconómicas difíciles”.
Por ello, los científicos proponen frenar la tala de árboles incentivando de una forma “mucho más intensa” el uso sostenible y eficiente tanto del bosque como de las zonas ya deforestadas, una actuación que para el gobierno brasileño esta actuación será “mucho más difícil y compleja”, puntualiza Tizado.

Entre otras cuestiones, requerirá una vigilancia especial para detectar las talas a pequeña escala, poner en marcha incentivos para promover “prácticas sostenibles del uso del suelo”, y desarrollar medidas concretas para evitar las talas en las zonas remotas de la selva (donde más ha crecido la deforestación en los últimos años).

Además, advierte el estudio, en ese contexto, la minería, las centrales hidroeléctricas, o el aumento de la demanda global sobre la producción agrícola, son “nuevas amenazas” que dificultarán la labor del gobierno brasileño en la reducción de la deforestación. EFEFUTURO
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