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Los océanos albergan miles de bacterias y genes desconocidos

Miles de virus, bacterias y protisas con composiciones genéticas desconocidas hasta ahora han sido hallados por científicos de la expedición española Malaspina, que ha comprobado que en los océanos no hay tanto plástico como se creía y que en ellos viven diez veces más peces de los que se calculaba.

Los científicos navegaron durante siete meses en una singladura de más de 35.000 millas náuticas a bordo de los buques Hespérides (Armada) y Sarmiento de Gamboa. Imagen cedida por el CSIC.

El coordinador del proyecto y biólogo del CSIC, Carlos Duarte, ha presentado hoy en Barcelona los resultados de la mayor investigación mundial sobre el estado global de los océanos y sobre su biodiversidad en el siglo XXI, lo que ha permitido, por primera vez, comenzar a elaborar un “mural sobre el estado de los océanos”.

Los científicos, que navegaron durante siete meses en una singladura de más de 35.000 millas náuticas a bordo de los buques Hespérides (Armada) y Sarmiento de Gamboa (CSIC), han comprobado que los contaminantes químicos se hallan extendidos por todos los rincones del océano.

El investigador del CSIC y coordinador del proyecto Malaspina, Carlos Duarte (i) junto al también investigador del CSIC Josep M. Gasol (d). EFE/Marta Pérez.


Pese a ello, los investigadores del CSIC han desmentido que exista el mito de “una isla de plástico” en medio del océano y ahora investigan por qué hay menos plástico del que esperaban encontrar, aproximadamente 200 gramos de plástico por cada kilómetro cuadrado de océano.

Una de las hipótesis que estudian es que alguna de las bacterias encontradas lo puedan destruir o que sea consumido por algunos de los peces que viven en las profundidades y que han hallado en cantidades que no se creían hasta ahora.

Sí que han comprobado que hay cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en los denominados “desiertos marinos”, que son zonas donde no hay corrientes marinas y donde se acumulan estos residuos.

Acompañado por Josep María Gasol, investigador del Instituto de Ciencias del Mar; de Jordi Dachs, experto en contaminantes, y del comandante del Hespérides, el capitán de navío Juan Antonio Aguilar, Duarte ha explicado que la expedición ha guardado miles de muestras con microorganismos y su ADN recogidas a 4.000 metros de profundidad en el Atlántico, el Pacífico y el Índico, duplicadas y selladas para que se abran dentro de 20 años, cuando se espera contar con nuevos métodos analíticos avanzados y futuros investigadores puedan exprimir aún más este tesoro científico.

Duarte ha explicado que tres años después de que el Hespérides regresara a España culminando la circunvalación científica al mundo el material recogido dará trabajo al menos durante diez años a los investigadores.

Se han recogido muestras atmosféricas y del plancton y de fitoplancton y ADN, que se han congelado y se guardan en el Instituto de Ciencias del Mar-CSIC de Barcelona, a la espera de que evolucionen las técnicas de análisis molecular, también se han guardado muestras de zooplancton en la Universidad de Cádiz, y de materia orgánica profunda del océano en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo (Pontevedra).

Los científicos han constatado también que la entrada de contaminantes procedentes de la atmósfera no se limita a las zonas costeras, sino que se produce también en las zonas más remotas del planeta y ya ha empezado a afectar al ecosistema oceánico.

La expedición, que ha contado con un presupuesto de cerca de 7 millones de euros, sin contar la aportación y los gastos del buque Hespérides, ha descubierto también que en los océanos viven entre un 10 y un 30 % más de peces de los que se pensaba hasta ahora.
“Por debajo de donde la luz solar no alcanza en el agua vive una biomasa de peces hasta 10 veces mayor de lo que se pensaba”, ha abundado Duarte, sobre todo de peces mesopelágicos, que viven a entre 400 y 700 metros de profundidad, como el pez linterna o el pez dragón, que tienen la facultad de esquivar las redes.

Estudiar la composición de estos peces y de los otros microorganismos encontrados permitirá en un futuro aprender a crear vida a partir de cambios químicos sin la ayuda de la luz solar, “lo que hace que nos tengamos que repensar como funciona el ecosistema marino”, ha señalado Duarte.

Otra de las sorpresas que se han llevado los científicos es que hay muchas concentraciones de hidrocarburos por deposición atmosférica, una entrada mayor, según ha explicado Dachs, -que ha tomado por primera vez medidas de bioxinas en el Pacífico y el Índico, que los vertidos accidentales al océano.

Los científicos navegaron durante siete meses en una singladura de más de 35.000 millas náuticas a bordo de los buques Hespérides (Armada) y Sarmiento de Gamboa. Imagen cedida por el CSIC. 

 


Pese a ello, los científicos han asegurado que “la salud del océano no es tan mala como los ciudadanos puedan pensar y las medusas no nos están comiendo por los pies”.

Josep Maria Gasol ha destacado la cantidad de microorganismos nuevos para la ciencia encontrados cuya secunciación genética ha desvelado que no se encuentran en ninguna base de datos y que los genes son diferentes en el Pacífico de los del Índico.

Esta colección de genómica microbiana marina, la primera del mundo a escala global, aportará nuevas claves sobre un reservorio de biodiversidad aún por explorar, ya que podría suponer el hallazgo de decenas de millones de genes nuevos en los próximos años, ha destacado Gasol. EFEfuturo
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