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La fuerza de los temporales revela un rico patrimonio para el estudio geológico

Los temporales de los dos últimos años en la costa de Huelva han dejado a la luz un rico patrimonio geológico que los expertos están estudiando en profundidad, sobre todo porque “las rocas negras” que han quedado a la vista dan una idea muy cierta de como era el litoral hace unos 2.000 años.

Grupo de gaviotas en la playa de Matalascañas. Efe/Manuel Barriopedro/nr
 

Cuando el viento, la lluvia y el intenso oleaje se unen, en algunas zonas la cantidad de arena disminuye notablemente, lo que ha llamado la atención de los expertos, sobre todo en zonas como Matalascañas (Huelva), en los límites de Doñana, donde la arena desplazada dejó a la vista un “tesoro geológico” que ha sido objeto de estudio, como señala a Efe el profesor de Geodinámica y Paleontología de la Universidad de Huelva, Manuel Abad.

Abad es uno de los ponentes del estudio “Análisis paleoambiental de depósitos turbosos holocenos en el sector central del litoral suratlántico español”, que concluye, entre otras cosas, que “hace dos años la erosión del oleaje hizo aflorar una capa de fangos grises y turbas de más de 2.000 años de antigüedad que, al ser más duras, resistieron la erosión del mar.

Y es que, esa “zona negra” está compuesta por materiales que registran una fase de la historia de las costa de Huelva “con un clima más frío, y en el que la línea de costa se encontraba algunas decenas de metros más al sur, más alejada de tierra”.

La playa de Matalascañas


Hay que trasladarse, por lo tanto, a ese punto de la historia para imaginar que en esos momentos, en este punto de la playa de Matalascañas, ya dentro del Parque Nacional de Doñana, se extendía una alguna de agua dulce muy parecida a la que ahora podría ser la conocida como “Laguna de Las Madres”.

Esto se ha sabido, precisamente, gracias a una de estas “lamas”, como se conocen popularmente a las zonas más oscuras que quedan a la luz cuando se van los temporales.

Óxidos de hierro, sales y fangos


Técnicamente, Manuel Abad especifica que óxidos de hierro, sales, o aglomerados por fangos y materia orgánica han hecho que adquieran la consistencia que les ha mantenido en buen estado, de ahí que, cubiertos solo por una fina capa de arena hayan resistido miles de años con una estructura muy similar a la de su génesis.

Aunque los temporales suelen sacarlas a la luz en mayor o menor cantidad, en playas con tendencia a acumular arena ocurre que tras décadas, siglos o milenios de avance del litoral, “llegan a enterrarse varios metros bajo la superficie y desaparecen de la vista, pero durante los temporales de invierno es frecuente que se produzca la erosión de las arenas de playa y dunas que los cubren, volviendo a aflorar”.

La dureza, esencial


Manuel Abad resume que “estas lamas perduran porque son más duras, más resistentes a la erosión, y muchas veces es lo único que queda cerca de la orilla, porque el oleaje se ha llevado prácticamente toda la arena que había en ese punto de la playa”.

Con todo son yacimientos importantes desde un punto de vista científico, ya que permiten a los geólogos estudiar materiales que guardan información sobre la evolución geomorfológica y ambiental de la costa, así como identificar su clima, los ecosistemas y cómo éstos han cambiado en tiempos recientes.

“En ocasiones -concluye- suponen los únicos vestigios de la historia de una playa o costa”, y dan una idea de cómo han cambiado los litorales en un periodo de tiempo relativamente corto a niveles geológicos, como son 2.000 años. EFE
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