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Plocan: la vanguardia de la tecnología marina está en Canarias

Si los observatorios de La Palma y Tenerife han situado en pocos años a España a la vanguardia de la astronomía, la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan) está llamada a convertir a las islas en uno de los pocos lugares del mundo donde ensayar todo tipo de tecnologías marinas.

Imagen de la Plataforma Oceánica Plocan/Angel Medina/EFE

Imagen de la Plataforma Oceánica Plocan/Angel Medina/EFE

Como los grandes telescopios del Roque de los Muchachos y el Teide, Plocan forma parte del listado de infraestructuras científicas singulares del país, por el potencial que ofrece para realizar investigaciones que en pocos sitios más serían posibles, como probar nuevos prototipos de aerogeneradores, desarrollar vehículos submarinos no tripulados o ensayar cómo va a responder el océano dentro de un siglo a las tensiones del cambio climático.


Con motivo de su presencia en Gran Canaria para asistir a la Conferencia de Presidentes de la Regiones Ultraperiféricas, la comisaria europea de Política Regional, Corina Cretu, tiene previsto visitar la semana próxima este laboratorio marino, en el que la UE ha invertido en los últimos años unos 27 millones de euros.



Plocan, la punta del iceberg


Su infraestructura icono preside desde hace justo un año el horizonte en la costa de Telde. Se trata una torre de 31.000 toneladas de peso y 60 metros de altura, 23 de ellos por encima del agua, con todo el aspecto de un plataforma petrolífera, pero con fines muy diferentes.


Esa gran estructura de hormigón solo es la punta del iceberg de lo que representa Plocan: un espacio de 23 kilómetros cuadrados de mar reservados, oficialmente, para todo tipo de ensayos científicos.




“Es como la torre de control de un aeropuerto. Llama la atención, pero lo más importante ocurre a su alrededor”, asegura a Efe el director de Plocan, Octavio Llinas, un veterano de las ciencias marinas, que entre 2003 y 2004 estuvo al frente del Instituto Español de Oceanografía.



Cuando termine su plan de puesta en marcha (2007-2021), este laboratorio marino habrá recibido una inversión de 42,81 millones de euros, financiada casi a partes iguales por sus dos socios de referencia, el Gobierno de Canarias y el Ministerio de Economía, con ayuda de fondos europeos.


De hecho, su sede en tierra, situada en el Parque Científico Marino de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en Taliarte lleva tiempo acogiendo a equipos internacionales en todo tipo de ensayos y, en este momento, está en la vanguardia del desarrollo de “gliders” (planeadores submarinos autónomos, que recorren miles de kilómetros sin combustible, solo con la fuerza de la gravedad y el principio de Arquímedes) y en la experimentación de prototipos de energía undimotriz, la proporcionada por las olas.Sin embargo, Plocan es una realidad desde varios años antes de que su plataforma se plantara sobre el fondo marino de Gran Canaria.



Convertir la ciencia en tecnología


Llinas no rehúye la comparación los observatorios astronómicos de La Palma y Tenerife, pero subraya las diferencias: mientras en El Roque de los Muchachos y el Teide se hace ciencia básica, en la Plataforma Oceánica se han orientado a último eslabón de la cadena: convertir la ciencia en tecnología.




“En este momento, por ejemplo, no hay ningún otro lugar en el mundo con tantos ensayos de energías renovables marinas en marcha al mismo tiempo”, explica, antes de detallar que están probando con empresas del sector cuatro prototipos de energía undimotriz y uno de eólica marina.



A poca distancia de la plataforma, se encuentra desde hace meses el primer aerogenerador marino de España, un prototipo diseñado por una empresa nacional cuya torre se despliega de forma telescópica. ¿Su interés? Si tiene éxito, esa tecnología española podría llegar a abaratar hasta un 30 por ciento el coste de los campos eólicos marinos.


En breve, avanza Llinas, se situará a su lado otro prototipo de la empresa andaluza EnerOcean, el primer aerogenerador flotante del mundo con dos turbinas apoyadas sobre la misma estructura, apto para emplazamientos lejanos a la costa y con mayores profundidades, donde es inviable cimentar la torre del molino eólico en el lecho marino.


De una observación de ese ensayo, surgió un experimento aún más vanguardista ahora en curso: comprobar si es posible fertilizar una zona yerma del océano y convertirla en un banco pesquero bombeando a la superficie el agua rica en nutrientes de las profundidades, como ocurre de forma natural en las grandes zonas de afloramiento del planeta (frente a la costa del Sahara, Namibia, California y Perú).


Plocan colabora, además, desde hace varios años con el Centro Oceanográfico de Kiel (Alemania)-Geomar en “Bioacid”, uno de los mayores experimentos del mundo sobre cómo pueden cambiar los océanos en el próximo siglo. Su base de Taliarte sirvió de apoyo para que Geomar ensayara de forma acelerada cómo responderán las zonas pobres en nutrientes, como las que conforman el 70 por ciento de los océanos, ante la creciente acidificación del agua por el CO2.


Y a todo ese tipo de ensayos, Plocan acaba de añadir una nueva prioridad: hacer posible que todos esos usos futuros del océano convivan sin conflicto con los tradicionales, como la pesca. EFE

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