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La biomasa de peces por debajo de los 200 metros es diez veces superior

El “stock” de peces mesopelágicos, los que viven entre los 200 y 1.000 metros de profundidad en el océano y que suben a la superficie durante la noche para alimentarse, es diez veces superior a lo estimado, un hallazgo que tiene, según sus responsables, implicaciones en la comprensión de los flujos de CO2.

La biomasa de peces mesopelágicos, los más abundantes del planeta, pasa de 1.000 millones a 10.000 millones de toneladas. Imagen cedida por el CSIC.

Este nuevo dato se publica en la revista Nature Communications, en un artículo que firman investigadores de la Universidad de Kaust (Arabia Saudí), del centro tecnológico AZTI-Tecnalia, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de las universidades de Las Palmas de Gran Canaria, Oviedo, Cádiz, Bergen (Noruega) y la de Western Australia, además del Instituto Español de Oceanografía.

Hasta hoy se estimaba que el “stock” total de peces en el planeta estaba alrededor de las 2.000 millones de toneladas.

De ellos aproximadamente la mitad serían peces mesopelágicos: aquellos que habitan en la capa mesopelágica del océano, por debajo de los 200 metros, donde aún hay luz pero no la suficiente para que se produzca en las algas la fotosíntesis, relata a Efe Xabier Irigoien, investigador en la Universidad de Kaust, anteriormente en AZTI-Tecnalia y quien lidera este estudio.

Estos peces, que engloban muchas especies y que no se comercializan, son los vertebrados más numerosos de la biosfera y forman parte importante de la alimentación de los túnidos, según Irigoien, quien no obstante señala que aún son poco conocidos.

Los peces mesopelágicos pasan el día en la zona de penumbra y por las noches nadan hasta la superficie para alimentarse; esto supone la mayor migración animal del planeta, apunta Irigoien.

En ese ir y venir de la superficie al fondo del mar, estos peces transportan material orgánico de la superficie a aguas profundas y contribuyen al transporte de CO2 que llega de la atmósfera al océano.
“Después de subir a comer cerca de la superficie, estos peces nadan otra vez hasta los 500 ó 600 metros de profundidad, transportando material orgánico a aguas profundas a mayor velocidad de la que creíamos”, afirma.

Para Irigoien, estos peces hacen que ese transporte de CO2 sea más rápido de lo que se pensaba.

Esto no quiere decir que el CO2 que absorbe el océano vaya ahora aumentar, porque el número de estos peces siempre ha sido el mismo, antes y después de este trabajo, pero “su abundancia se había subestimado en un orden de magnitud”.

Sin embargo, lo que sí “entendemos mejor es que tienen un papel relevante en el transporte de CO2”, remacha Irigoien.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores combinaron dos métodos: los datos acústicos recogidos en la expedición Malaspina -liderada por Carlos Duarte- y modelos teóricos.

“Malaspina nos ha ofrecido una oportunidad única para evaluar el ‘stock’ de peces mesopelágicos”, según Duarte, quien explica a Efe: “Hasta ahora se pensaba que, por su escasa biomasa global, los peces jugaban un papel irrelevante en el ciclo de carbono en el océano, ahora sabemos que no es así”. EFEFUTURO

 
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