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Schlessinger: cuando hay curiosidad y deseo de aprender, no hay disciplinas

EFEFUTURO.- La investigación científica -básica o clínica-, es patrimonio internacional, un lugar en el que las fronteras se diluyen porque “cuando hay curiosidad y deseo de aprender, uno va donde le lleva la ciencia, sea cual sea su campo de trabajo”, ha manifestado el biofísico Joseph Schlessinger.

Imagen de la rueda de prensa de los galardonados con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biomedicina (de izquierda a derecha, J. Schlessinger; C. Sawyers; R. Pardo y T. Hunter). FBBVA.

Junto a Tony Hunter y Charles Sawyers, este científico de origen israelí recibirá en pocas horas el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en la categoría de Biomedicina, un galardón que los tres investigadores han logrado por desarrollar una nueva clase de fármacos contra el cáncer.

El trabajo de estos tres investigadores, de hecho, demuestra que la afirmación de Schlessinger es cierta, y es que, con sus investigaciones -realizadas de manera independiente-, los tres galardonados son considerados los padres de la medicina personalizada contra el cáncer, la que ha dado lugar a unos fármacos alternativos a la quimioterapia tradicional.
A diferencia de los tratamientos de quimioterapia, estos fármacos atacan sólo a los mecanismos que originan el tumor, lo que les hace menos tóxicos para el paciente y sin los efectos secundarios de la quimioterapia tradicional.

El primer medicamento fabricado a partir de las investigaciones de los tres premiados, el imatinib (aprobado en 2001), se empleó contra la leucemia mieloide crónica -letal hasta entonces-, un tipo de cáncer que hoy en día es casi siempre tratable.

Solo 15 años después del nacimiento de imatinib, ya hay decenas de fármacos “diana” (como han sido bautizados), que se utilizan en otros tipos de cáncer como el de pulmón, el de mama, los melanomas o los linfomas, entre otros.

Y el origen de esta nueva era de fármacos antitumorales es el trabajo de los tres premiados.

1979, el origen


Todo comenzó en 1979, con una investigación básica, cuando el oncólogo británico Tony Hunter, director del Instituto Salk (EEUU), descubrió las tirosina quinasas, una familia de proteínas indispensables en multitud de procesos celulares vitales.

Poco después, Joseph Schlessinger, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, descubrió cómo se activan estas proteínas y vio que los receptores tirosina quinasas están mutados en cáncer, es decir que “hay un mecanismo para que la información fluya desde fuera de la célula al interior que resulta interceptado por el cáncer”, ha explicado el investigador.

Desde entonces y hasta mediados de los 90, este investigador se dedicó a entender cómo funcionaban estas rutas y a buscar inhibidores para ellas, es decir, fármacos contra el cáncer, mucho más selectivos y eficaces que la quimioterapia tradicional.

Sin embargo, la investigación en este campo no ha hecho más que empezar porque el cáncer es una enfermedad muy compleja y capaz de desarrollar resistencias a los tratamientos, advierte.

Y es en esa lucha donde el trabajo del estadounidense Charles Sawyers, del Memorial Sloan Ketterring Cancer Center (EEUU), ha sido determinante.

Este médico de formación dedicado a la investigación halló cómo interferir en la actividad de las tirosina quinasas cuando mutan, es decir, que trasladó a la práctica clínica unos hallazgos de la investigación básica en cáncer y realizó el primer ensayo en humanos del imatinib.

Una enfermedad crónica


“Aunque hay muchos tipos de cáncer, creo que podemos dar esperanzas a los pacientes y afirmar que en el futuro será una enfermedad, al menos, crónica porque los avances son tremendos. En sólo cinco años hemos pasado de diagnosticar con biopsias de tejidos a secuenciar el ADN con una precisión enormemente superior y precisa. Es la medicina del futuro, de importancia nacional para el presidente Obama”, ha subrayado.

A la larga, asegura este médico, el cáncer se combatirá con la combinación de fármacos, como ya ocurrió con el VIH, que empezó siendo una enfermedad mortal y hoy en día es una dolencia crónica.

Para Hunter, el reto será también lograr que estos fármacos sean asequibles para todos, porque por el momento son costosísimos de fabricar y “las empresas bien tienen que recuperar su inversión”, ha reconocido. EFE
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