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La cicatriz que dejó la sonda lunar SMART-1

Esta imagen algo borrosa y en blanco y negro muestra el punto de la superficie lunar en el que impactó la nave SMART-1, una sonda lanzada en 2003 por la Agencia Espacial Europea (ESA) y que observó nuestro satélite natural a lo largo de unos tres años.

Lugar del impacto de la Smart-1. Crédito: P. Stooke/B. Foing et al 2017/ NASA/GSFC/Arizona State University

Después de tres años de observación, la sonda lunar SMART-1 (Pequeña Misión de Investigación Tecnológica Avanzada-1) de la ESA finalizó sus operaciones el 3 de septiembre de 2006. Ese día, la nave se envió contra la superficie de la Luna, donde rebotó y se arrastró a una velocidad de dos kilómetros por segundo, en lo que fue el primer alunizaje europeo.

Tras el impacto, el telescopio Canadá-Francia-Hawái observó un destello brillante en el límite entre el día y la noche lunares pero como en aquel momento no había otras naves en órbita que observaran el evento, no fue posible identificar con exactitud el lugar donde se estrelló SMART-1.

Los científicos utilizaron seguimiento orbital, simulaciones basadas en la Tierra y observaciones del brillo para calcular la ubicación del alunizaje, pero el lugar preciso donde alunizó la misión siguió siendo un misterio durante más de una década, explica la página web de la ESA.

La huella de la sonda en alta resolución


El año pasado, imágenes en alta resolución de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA revelaron la ubicación de SMART-1. El resultado se ha difundido hoy.
La nave horadó una zanja de cuatro metros de ancho por veinte de largo durante el impacto, atravesando un pequeño cráter y expulsando parte del suelo lunar a su paso, lo que dio lugar a las acumulaciones de material que vemos a los lados del cráter, antes de detenerse a 34,262° sur, 46,193° oeste.

Además de buscar hielo de agua en la Luna y observar y fotografiar nuestro satélite, SMART-1 desempeñó un papel clave en el desarrollo de la propulsión iónica, que emplea energía eléctrica para hacer que las naves se desplacen por el espacio.

SMART-1 fue la primera misión de la ESA en viajar al espacio profundo con este tipo de propulsión. La propulsión iónica también se utilizará en la misión BepiColombo de la ESA-JAXA, que se lanzará en octubre de este año rumbo a Mercurio.

El campo de visión de la imagen abarca cincuenta metros de ancho (con el norte arriba) y la iluminación solar procede del oeste. EFEFuturo
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