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Vinculan la reproducción asistida a mayor riesgo cardiovascular en niños

Un estudio del Hospital Clínic-Idibaps de Barcelona señala que los niños nacidos de reproducción asistida pueden sufrir cambios en su corazón y arterias, que se inician ya antes de nacer y que los predisponen a un incremento del riesgo cardiovascular, el cual se puede prevenir con una dieta adecuada.

Imagen de archivo. Una bióloga de la Unidad de Reproducción Asistida de la Clínica Vistahermosa de Alicante trabaja con probetas en el centro que después de que fuese autorizado por la Generalitat para congelar ovocitos para enfermas de cáncer, el responsable de este proyecto José Jesús López Gálvez, ha comprobado que sólo quince pacientes han sido atendidas de las treinta que han acudido a la consulta a informarse sobre esta técnica de reproducción asistida. EFE/Manuel Lorenzo

Imagen de archivo. EFE/Manuel Lorenzo

En la presentación hoy del estudio, publicado en la revista Circulation de la American Heart Association, los investigadores, dirigidos por los doctores Eduard Gratacós y Juan Balasch, han resaltado que no se trata de niños enfermos, sino de niños que tienen una mayor posibilidad de sufrir enfermedades cardiacas en su vida adulta, un hecho que se puede evitar con una dieta y un estilo de vida saludables.

Según la investigación, entre un 40 y un 60 % de los niños nacidos a partir de técnicas de reproducción asistidas -en los países desarrollados representan entre un 1 y un 4 por ciento del total de los embarazos- tienen este mayor riesgo cardiovascular, por lo que, aunque en un principio no supone un problema de salud grave, los científicos recomiendan vigilar aquellos casos que se junten con otros factores de riesgo como obesidad o diabetes.

Según la doctora Fátima Crispi, una de las primeras firmantes del estudio, el cambio en el sistema cardíaco no se debe a las técnicas utilizadas en la fecundación asistida, sino que es una consecuencia de varios factores, entre ellos la edad de la madre y problemas asociados a la infertilidad, que son mucho más comunes en los embarazos de reproducción asistida.

El estudio, que se ha presentado hoy en un acto en el Cosmocaixa, ha durado casi tres años, en los que el equipo ha seguido cien embarazos de fecundación ‘in vitro’ y cien embarazos normales, para evaluar el movimiento y la deformación del corazón y las arterias, tanto en la vida fetal como en los primeros meses de vida.

La doctora Crispi ha explicado que se utilizaron técnicas de resonancia magnética para observar el corazón de los fetos cuando aún se encontraban en el útero.

Las imágenes obtenidas por resonancia muestran que las arterias de los fetos nacidos gracias a la fecundación asistida tienen paredes más gruesas y son por tanto menos flexibles, lo que provoca un aumento de la presión sanguínea.

A causa de la hipertensión se producen ciertos cambios en el corazón: las aurículas, por donde entra la sangre, son más grandes y los ventrículos, la parte del corazón que bombea, tienen más masa muscular, para bombear con más fuerza.

“Eso no significa que sea un corazón enfermo, es un corazón que puede trabajar perfectamente, se trata de niños sanos y que pueden hacer ejercicio, pero a la larga si esto se mantiene mucho tiempo, como es un corazón que trabaja a más presión, puede suponer más riesgo en el futuro”, ha explicado Crispi.

Las pruebas por resonancia usadas en el estudio son demasiado caras para convertirse en una prueba estándar, pero los científicos han desarrollado un algoritmo predictivo que permite usar ecógrafos normales para determinar qué fetos sufren problemas vasculares y comenzar así el seguimiento lo antes posible.

Gratacós ha querido transmitir un mensaje de tranquilidad a las familias con hijos procedentes de la reproducción asistida, aclarando que no necesitan ningún tratamiento especial, aunque se recomienda cuidar su alimentación y medir la presión del niño, “algo que pocos pediatras hacen”.

El estudio ha sido llevado a cabo por el Centro de Investigación en Medicina Fetal que vincula los hospitales Clínic, Sant Joan de Déu, la Universidad de Barcelona y el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps).

La investigación se ha financiado con 1.220.000 euros procedentes del programa de Ciencia, Investigación y Medio Ambiente de la Obra Social la Caixa. EFEfuturo
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