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Wageningen: la universidad de la cadena agroalimentaria

Una vaca mirando al fotógrafo. EFE Jeffrey Arguedas

Bajo el mismo techo, este centro universitario aúna conocimiento científico e investigación aplicada sobre la totalidad del ciclo agroalimentario para crear, por ejemplo, un mecanismo que mida los pasos de una vaca o un dispositivo para conocer la verdadera caducidad de los alimentos.

El director gerente de la Universidad y Centro de Investigación Aplicada de Wageningen, Aalt Dijkhuizen, explicó a Efe que contar con la “práctica y la teoría unidas así como la colaboración estrecha con el mundo empresarial y el gobierno”, son la clave que les permite afrontar los grandes retos actuales en materia agrícola y nutricional.

Uno de esos retos es el de asegurar alimentación para una población mundial creciente, lo que llevó a esta universidad a organizar el pasado año la primera conferencia internacional sobre seguridad alimentaria.

Para el investigador Martin van Ittersum, contribuiría a ese fin saber los lugares y las razones por las que se cultiva con una productividad más alta, así como reciclar los fosfatos (indispensables para el crecimiento de los cultivos) acumulados en la tierra.

La doctora Imke de Boer explicó a la prensa que se centra en la sostenibilidad de la producción animal, a lo que ayudaría “comer más proteínas animales en los países asiáticos o Asia y menos en los europeos”.

Para la experta, la producción de alimentos no tiene que estar reñida con el bienestar de los animales, “a los que hay que permitir espacio para que puedan mostrar su actitud”.

Un chip que mide los pasos que dan las vacas en una determinada superficie del terreno ayuda a la hora de calcular las dimensiones mínimas de los campos de pastos o los establos, según De Boer.

El Centro de Calidad Alimentaria ligado al campus de Wageningen (“Qualitron”), investiga la forma de mejorar la conservación de los productos frescos.
Estadísticas facilitadas por esa universidad indican que de media en Europa se generan unos 280 kilos de desperdicios alimenticios, contando con producción, venta y consumo.

Así, la gerente de “Qualitron”, Annemieke Beers, indicó que tienen en fase de estudio un sensor que registra la temperatura, la humedad y otros indicadores “para saber exactamente cuanto tiempo de vida tiene un producto”, ayudaría a desperdiciar menos alimentos.

Por ahora se piensa en colocar el dispositivo en los contenedores que transportan fruta, verdura o flores, pero “un escenario de futuro sería que acompañe al producto hasta el supermercado, para lo que se necesita su producción rentable a gran escala”, según la experta.

Wageningen también está implicada en la investigación puntera aplicada a invernaderos.

En Holanda, donde el sector agrícola ingresa unos 7.000 millones de euros anuales, esas instalaciones producen hasta “75 kilos de tomates por metro cuadrado, en comparación con los 10 kilos por metro cuadrado al aire libre”, señaló por su parte Sjaak Bakker, investigador en el centro de horticultura de la universidad de Wageningen, situado Bleiswijk, cerca de La Haya.

Allí, han comprobado que con mayor iluminación se puede doblar el porcentaje de vitamina C en un tomate o que la forma de las hortalizas cambia según el color de la luz, y también ponen a prueba el uso de insectos como sustitutivo de fertilizantes.

En el Centro de Investigación estudian desde hace tres años con bioreactores la forma más eficiente de producir microalgas a gran escala para su uso como biocombustible, así como las posibilidades de este producto como fuente nutricional.

Con 4.000 estudiantes de licenciatura y 1.700 de doctorado provenientes de cien países diferentes, incluso el restaurante de la universidad, dotado de cámaras, es un laboratorio para el estudio de la actitud del consumidor.

Así investigan por ejemplo la influencia de la iluminación o el estado anímico a la hora de elegir lo que se come.

Wageningen, considerada en 2013 la mejor universidad agrícola del mundo de acuerdo con la clasificación de la Universidad Nacional de Taiwán, cuenta con 25 centros de investigación, repartidos entre Holanda, Chile, China, África y Oriente Medio. EFE

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