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Frédéric Martel: ‘Internet nos cambia menos de lo que creemos’

Esa es la tesis que el sociólogo francés Frédéric Martel recoge en el libro Smart. Internet(s): la investigación (ed. Taurus), un ensayo elaborado a partir del análisis “en el terreno” del uso que ciudadanos y empresas de decenas de países hacen de la red.

Martel, también autor de Cultura Mainstream y Global gay ha hablado con EFEfuturo sobre cómo la red no es una herramienta que fomente la globalización, sino un vehículo para alinearse con las certezas establecidas.

Pregunta. La hipótesis del libro es que no existe un único internet, sino que hay muchos internets. ¿De qué depende la configuración de cada una de esas redes diferentes, qué variables determinan cómo es internet en cada lugar?

Para empezar, hay infraestructuras globales. Hay motores de búsqueda y aplicaciones que son globales y muy a menudo vienen del Silicon Valley, son americanas. Lo que ocurre con internet es que el contenido sigue siendo poco global.

Internet está muy fracturado. Es la fragmentación lo que define internet más que la globalización. Y qué produce esta fragmentación: para empezar, el idioma, el territorio, el lugar en que se vive, la comunidad a la que se pertenece y, sobre todo, la esfera cultural en la que cada uno está interesado.

No estoy diciendo que antes fuera global y ahora sea local, es más complicado que eso. Es decir, puede haber fenómenos que tengan naturaleza global. Hay evidentemente un aspecto global, pero está relacionado con colectivos muy particulares que tienen una comunicación internacional, por ejemplo el colectivo gay, el colectivo Femen. Por ejemplo, aquí en Madrid existe una comunidad cubana importante y que habla con otros cubanos en Miami. Es una comunicación internacional pero sigue siendo entre cubanos y en español.

Y por supuesto hay contenidos que son globales que son contraejemplos de lo que acabo de decir: por ejemplo, los videojuegos, las películas, Gagnam Style, los vídeos de Beyoncé,… Pero mi hipótesis es que este tipo de contenidos son una parte muy pequeña de todos los que se consumen.

En el mundo existen ahora mismo 2.700 millones de personas conectadas, en cinco años serán 5.000 millones y estos millones que vienen hablarán menos inglés, estarán más ligados a su ciudad, a su pueblo. Así que esta fragmentación y territorialización me parecen el futuro de internet.

 

Comunidad, identidad, porosidad a la diversidad


P. Asegura que las redes consagran los límites geográficos, las identidades culturales y las diferencias lingüísticas, así pues ¿se erigen los distintos internets como un vehículo de autoafirmación de las identidades colectivas?

Absolutamente. Es un fenómeno muy complejo y contradictorio: existe a la vez el riesgo del “mainstream”, pero también existe la capacidad de todas las comunidades, incluso de la más pequeña, para expresarse en internet. Así que de una forma o de otra, internet en Madrid no es igual que internet en Barcelona: está por un lado el idioma y por el otro las aplicaciones que utilizamos y nos geolocalizan. Por ejemplo, si alguien vive en Barcelona busca un restaurante para cenar allí, si vemos la página de Facebook de un chico de instituto de Barcelona posiblemente no tenga ningún amigo en Corea del Sur, Irán ni en Argentina o Brasil. Y posiblemente pocos amigos en Madrid. Tendrá amigos de Barcelona, incluso de su propio instituto y del barrio donde vive.

P. Si las distintas internets de las que participamos refuerzan lo que somos, ¿qué beneficios tiene su carácter global si no se va más allá de la individualidad, si no se llega al enriquecimiento mediante el acceso a la diversidad?
Internet no es individual porque está ligada a una comunidad siempre, pero no se trata de una comunidad global. No he visto sobre el terreno eso que preconizan los grandes mandamases del Silicon Valley: conversaciones globales a las que todo el mundo se uniría, fronteras que se reducen o atenúan, idiomas que se convierten en menos importantes, cultura que se uniformiza y claro, ellos esperan que sea la cultura americana. Pero es que no es eso lo que yo he visto en el terreno, para nada.

Hay una cosa en la que usted tiene razón, es verdad que gracias a internet podemos ir más allá y por supuesto ahora mismo somos de alguna forma más globales que antes, pero pienso que el territorio de la lengua y de la cultura es algo decisivo y no creo que eso vaya a cambiar.

P.¿Entonces, para lo que sirve internet es para reforzar y para alinearse con las certezas de la propia comunidad, pero no para ponerlas en duda con las certezas de la comunidad vecina?

Ese riesgo existe, claro. Contrariamente a lo que pensamos este riesgo de especialización y de ‘comunización’ existe y es muy grande en internet, pero ¿por qué? Porque internet refleja la vida, nuestra manera de vivir y desde ese punto de vista nos cambia menos de lo que creemos. Y es que vivimos anclados a un territorio en comunidad.

Por ejemplo, en la India utilizan aplicaciones que han revitalizado y hacen perdurar el sistema de castas y la jerarquía, incluso entre los indios que viven en Estados Unidos. Pero la culpa no la tiene internet, es que resulta que la gente vive así. Incluso aunque existan formas de diálogo más abiertas con otras comunidades y culturas. La novedad es que si se quiere se puede, mientras que antes no se podía porque no teníamos acceso a lo diferente.

Creo que existe una cosa todavía más interesante, lo que explico en el libro, que son las identidades múltiples. Por ejemplo, usted es de Cádiz, vive en Madrid, es una mujer, habla español, puede ser de origen musulmán por ejemplo, a lo mejor lesbiana,… son cinco identidades. En internet se le puede dar prioridad a una identidad pero se pueden tener otras también.

Eso no funciona siempre, eh. Porque también podemos tener unas internets que sirvan a los terroristas para organizarse y también para formar guetos de los musulmanes más extremistas y ortodoxos. Pero de alguna manera nos sirve para extendernos en esas identidades múltiples.

Internet por un lado puede reducirnos a una sola identidad, pero permite que múltiples identidades se desarrollen.

P. ¿Considera que internet ha tenido algún impacto en la manera en que conformamos nuestra imagen individual?

Claro, hoy por supuesto que sí. En nuestra imagen y nuestra reputación digital. Lo que decimos en Facebook, en Twitter, en Instagram, en todas las redes, es muy diferente de lo que decíamos antes. Los rumores, la vida privada, todo esto tiene una tendencia a evolucionar.

Una de las cosas más importantes hoy ya no es la fractura digital, el acceso a internet, porque poco a poco todo el mundo tendrá acceso. Así que el objetivo es menos el acceso a internet y más qué hacemos en internet. Y eso es lo que llamamos la alfabetización digital: enseñarle a la gente no a utilizarlo, porque la mayoría lo sabe hacer bien, sino utilizarlo en el buen sentido. Por ejemplo, que conozcan que Wikipedia es una herramienta formidable pero que puede contener errores, que sepan que Facebook es una herramienta extraordinaria pero que presenta riesgos para la vida privada, etcétera.

 

P. Si el internet del futuro será multipolar, descentralizado y fragmentado como dice usted en el libro, ¿qué ventajas tiene que sea una herramienta global?

¿Y cuáles son las ventajas de un teléfono? Hace mucho tiempo ya que podemos llamar por teléfono a India, si quisiéramos, pero no lo hacemos porque no conocemos a nadie en la India, porque no hablábamos indio, porque no tendríamos nada que decirle. Así que esta herramienta existe y permite un cambio extraordinario, económicamente y en otros factores, pero no por ello nos va a transformar en ciudadanos globales. En el fondo es que no existe un ciudadano global e internet no va a cambiar esto.
P. ¿Cree que la generación actual, que se enfrenta día a día a la conformación de la revolución digital, va de servir de conejillos de indias, de escudo para las generaciones que vendrán detrás?

Sí, lo que es extraordinario es que nosotros nacimos en un mundo en el que esto no existía y que todos los días estamos experimentando y no sabemos hacia dónde vamos ni lo que será nuestra vida relacionada con internet dentro de cinco, de diez años. Hace cinco o seis años no utilizábamos Twitter y yo hoy lo utilizo tres, cuatro, diez veces al día. ¿Y qué ocurrirá dentro de cinco años? Es extraordinario este en el miedo que estamos viviendo, el hecho de que sabemos que nos tenemos que adaptar a esa realidad pero no sabemos muy bien hacia adónde va.

P.¿Los gobiernos desempeñan también un papel a la hora de definir cada internet?

Espero que no. Antes de nada, pienso que internet no debería estar regulado. Lo que hace falta es regular a los gigantes de internet.
Existe voluntad por parte de los chinos, los iraníes, los egipcios, de controlar internet. Pero lo que yo digo es que no hay riesgo de balcanización como temen los americanos, porque internet ya está fragmentado.

Es necesario que internet permanezca abierto y al mismo tiempo exista una regulación sobre los abusos de la posición dominante: Google, Facebook, Apple, Amazon; la protección de la vida privada, el control de las grandes bases de datos, de la nube. Pero sigo siendo positivo con respecto a todo lo que está pasando: a pesar de Snowden, Wikileaks, etcétera, pienso que los beneficios y las oportunidades superan a las amenazas.

P. ¿Viviremos confrontaciones entre los diferentes internets?

Sí, por ejemplo hoy ya vemos que hay un internet muy cerrado que es el chino, donde no existe Google sino Baidu, no es Facebook sino Jenjen, no existe Twitter sino Weibo, no hay Youtube sino Yuku, así que el segundo motor de búsqueda en el mundo es Baidu. No es una intranet, sino una internet expansionista. Lo hemos visto con Alibaba y ahora con Baidu, así que hay una guerra y este es el tema de mi libro también: una guerra de influencia, de ‘softpower’. Y será el mismo caso con Irán, esta fue la voluntad de Dilma Rouseff en Brasil, de los egipcios y por supuesto existen luchas muy fuertes.

Es una competición de competencia, pero de todas formas pienso que este modelo tiene que seguir siendo abierto, Considero que es un error chino porque no sirve de nada cerrar internet, porque ya está fragmentado. No creo en la censura, en las cotas, en todo lo que cierra y si el sistema chino funciona bien no es por la censura, sino porque internet está territorializado.

P. Sí hay herramientas de internet que son globales, ha mencionado Facebook, Google. Esa concentración de los datos, de la influencia, en pocas manos, ¿se va a diluir en el futuro?

Este es uno de los problemas principales de la regulación de los gigantes de internet. Si los americanos no lo hacen, entonces es necesario que la UE sí que lo haga. Yo creo en la economía de mercado, no soy un comunista de Cuba, pero pienso que el mercado funciona bien si está regulado. Es Europa quien debe afrontar los abusos de posición dominante y la protección de la vida privada. Sólo puede hacerse a escala europea, realmente hacen falta regulaciones para que nos convirtamos en protagonistas personales de internet.

P. ¿No cree que existe falta de pensamiento crítico, desde la sociología y la filosofía, en torno al impacto que internet está teniendo en nuestras vidas?

Es algo muy nuevo y la investigación y el tiempo académico no están preparados para analizar una cosa tan reciente como la aparición de internet. Se necesita teoría y también investigación sobre el terreno. Y yo me encuentro precisamente en el límite entre lo académico y la investigación sobre el terreno, el periodismo de investigación.

Precisamente la gran cuestión es la velocidad a la que evoluciona el fenómeno, pero es una apuesta que yo he hecho de llevar a cabo una investigación larga y asumir riesgos de análisis, de análisis que se están haciendo en este momento. Intentar tener conclusiones que puedan durar en el tiempo. Es un riesgo, pero yo lo asumo.

¿Hay que ser valiente para asumir ese riesgo?

No, valiente no, no es una cuestión de valentía. Se trata más bien de desconfiar un poco de la superficie de las cosas y tener siempre la idea de que hay que ir a lo que hay después, a la profundidad. No es por valentía, es más bien el no dejarse influenciar por lo que sabemos y por las últimas superficies y el método que yo utilizo para esto es precisamente la investigación sobre el terreno.
En mi manera de actuar digamos que hay una forma contraintuitiva. Todo el mundo piensa que internet podemos situarnos delante de nuestro ordenador para entender así todo lo que pasa más allá y yo pienso justamente lo contrario, que hay que desplazarse sobre el terreno como si fuera una investigación normal y tradicional para comprender y ver lo que es en realidad. EFEfuturo

 
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