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Geoff Emberling: las comparaciones culturales nos permiten comprendernos mejor a nosotros mismos

Geoff Emberling: las comparaciones culturales nos permiten comprendernos mejor a nosotros mismos
En menos de un siglo, entre 605 a 539 antes de Cristo, Babilonia pasó de ser una potencia dominadora a quedar sometida al imperio persa, según queda reflejado en una exposición que se inaugura esta semana en el Museo Británico. En la imagen, relieve de león siglo VI AC, museo del Louvre. EFE/Franck Raux
“En la arqueología, hay algo relacionado con la materialidad física que nos permite recordar de una forma que otras disciplinas no pueden”, comentó durante una entrevista con Efe el arqueólogo, que se encuentra en Madrid para pronunciar una conferencia sobre el descubrimiento de Sumeria a principios del siglo XIX.

La conferencia ha sido organizada por CaixaForum Madrid en el marco de la exposición “Antes del diluvio. Mesopotamia 3500-2100 a.C.”.

Según el arqueólogo e investigador del Museo Kelsey, en la Universidad de Michigan, Sumeria fue olvidada por completo “a diferencia de Asiria o Israel, cuyos nombres se han conservado muy bien en fuentes clásicas como la Biblia. Sumeria como civilización no tiene ninguna referencia moderna, ningún vínculo directo, no hay descendientes suyos en los tiempos modernos”.

Esta fue una de las razones por las que se olvidó, y su idioma se perdió. “En mi conferencia, voy a hablar de los pasos a través de los cuales los arqueólogos montaron toda la imagen de esta cultura -advierte-, además de los métodos empleados y del trabajo sobre el terreno”.
Emberling destacó la importancia de una cultura “que inventó las ciudades, la escritura y todo lo que eso conlleva. Otros ecos sumerios que nos llegan se relacionan con que, por ejemplo, contaban en unidades de 60: así un minuto tiene 60 segundos, una hora 60 minutos, 360 grados la circunferencia”.

Apasionado por su trabajo y convencido de que las comparaciones culturales nos permiten comprendernos mejor a nosotros mismos, Emberling cree que todavía queda mucho por descubrir de la cultura que se desarrolló en las llanuras fluviales del Tigris y el Éufrates en los milenios IV y III a.C..

“Hace dos meses estuve en Iraq y visité algunas de las antiguas excavaciones sumerias. Incluso en las excavadas durante décadas sigue habiendo cantidad ilimitada de cosas por descubrir. Además, hay muchísimos lugares que todavía no han sido excavados en absoluto”, señaló.

Sobre ello tratará también en su conferencia en la que mostrará una diapositiva en la que se aprecian lugares que han sido ubicados y lugares sin excavar que solo se han visto a través de imágenes por satélite. “Hay todavía otras diez veces más de emplazamientos excavables”.

Gran conocedor de la cultura mesopotámica, cree que su importancia para la historia mundial es igual que la egipcia, que despierta actualmente más interés y es más conocida, aunque no siempre fue así.
“Cuando la ciudad capitalicia de Asiria fue descubierta en el decenio de 1840, la gente consideraba que Mesopotamia era mucho más interesante que Egipto. El descubrimiento del cementerio real de Uruk se produjo al mismo tiempo que la tumba de Tutankamon y se les concedió el mismo interés”, recordó.

La emoción de descubrir algo, “lo que ocurre todos los días”, y la forma sorprendente de conocer otra cultura al trabajar codo con codo con gente de otros países, compensa los climas extremos, las enfermedades o las condiciones de habitabilidad no siempre cómodas ni confortables que deben vivir los arqueólogos, que deben enfrentarse también a situaciones políticas complicadas.

Pero esto no siempre es así, según Emberling, director de la expedición Nubia que ha estado excavando en Sudán. “A mucha gente le sorprende esto, pero de hecho son gente muy acogedora, que dan todo el apoyo necesario a los arqueólogos”.

Otro enemigo de la arqueología son los saqueadores. Emberling recordó que, cuando era director del Museo del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, organizó una exposición sobre el saqueo al Museo Nacional de Bagdad y a las excavaciones arqueológicas.

“Los saqueos empezaron a producirse en el decenio de 1990 y en el 2003 se llevó a cabo el mayor robo. A quienes trabajábamos en museos se nos ofrecían unas cantidades increíbles de antigüedades saqueadas para venderlas. Esto te rompe el corazón, es terrible”, señala.

La protesta internacional que provocó el saqueo al Museo de Bagdad hizo que Estados Unidos y el Reino Unido, en 2005 y 2006, declararan ilegal importar antigüedades procedente de Iraq, lo que redujo la demanda.

Aunque allí es muy difícil controlar las cosas, “este cambio jurídico, combinado con el aumento de la seguridad, ha hecho que los saqueos casi hayan cesado”. EFE

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