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Descubrir la casa más sana

Vivir en una casa no solo es habitar un lugar, es encontrar el lugar óptimo para las horas de sueño y establecer las zonas más adecuadas para desarrollar nuestras actividades de la forma más satisfactoria posible. Pero hay impedimentos que, aunque puedan pasar desapercibidos, podemos remediar mediante la geobiología.

En la imagen, un dormitorio de diseño moderno. EFE/Paco Torrente.

La geobiología se encarga de descubrir cuáles son los puntos más aptos para nuestro descanso y cuáles aquellos que debemos evitar para no sufrir alteraciones físicas o psíquicas que afecten a nuestra salud y bienestar.
 El arquitecto interiorista y geobiólogo, especializado en análisis ambiental y bioconstrucción, Pere León, ha publicado el libro “La buena onda”, (Claves para crear espacios saludables y disfrutar de una vida sana y feliz), en el que explica cuáles son los problemas geofísicos que puede tener una vivienda y de qué forma se pueden evitar.

Pere León habló con EFEverde y propuso que lo que tenemos que tener en cuenta en nuestra vivienda, sobre todo, es la orientación de las habitaciones en las que más tiempo permanecemos.

 “El comedor debería mirar al sur para aprovechar el máximo de luz solar y las camas tendrían que estar orientadas al norte porque dormir con la cabeza al norte favorece la salud, ya que esta posición se alinea con el magnetismo terrestre del globo terráqueo, que es un campo magnético”, dijo León.

En nuestros hogares convergen distintos tipos de energías naturales a parte de las propias que emiten los aparatos eléctricos que tenemos alrededor, y que sin embargo, están ejerciendo una poderosa acción sobre la salud humana.

PERJUDICIALES AGUAS SUBTERRÁNEAS


Existen, en primer lugar, las corrientes subterráneas, acuíferos, bolsas, sumideros, y filtraciones que llenan las cavidades del subsuelo y circulan por galerías subterráneas.

Según Pere León, “no es que el agua en sí sea perjudicial, sino que los iones de hidrógeno que emite el agua en movimiento al friccionar con el subsuelo generan un campo electromagnético que sube en vertical y atraviesan cualquier capa terrestre”.

Si se duerme sobre esta zona, explicó el geobiólogo, la glándula pineal no podrá segregar melatonina (hormona activa para la reparación celular), lo que perturba la regeneración celular.

“En una exposición continuada , los primeros síntomas serán dolores de cabeza y de las articulaciones, disfunciones orgánicas, depresión, nerviosismo y, a la larga, pueden ocasionar enfermedades neurodegenerativas, leucemia, tumores, cáncer, etc”, señaló León.

El segundo de los grandes causantes procede de la corteza terrestre que, aunque de forma imperceptible, está en continuo movimiento, sometida constantemente a las fuerzas sísmicas y tectónicas.

Estas fuerzas producen fallas, fisuras, grietas, diaclasas, es decir alteraciones de la corteza que en las ocasiones más graves provocan terremotos, tsunamis o erupciones volcánicas.
Cuando se producen estos movimientos, las partes del terreno que se han fracturado ponen en contacto superficies de naturalezas diferentes o forman cavidades subterráneas. De estos lugares emanan en vertical una serie de energías procedentes del subsuelo que van desde radiaciones gamma de diversa intensidad a gases radiactivos, con los mismos efectos en la salud humana que anteriormente se han descrito.

Además de los campos radiactivos existen otros más difíciles de detectar. Para explicarlo, el geobiólogo describió el planeta como un gigantesco imán, con dos polos que aproximadamente coinciden con los polos geográficos, “pero existe un gran campo magnético que cubre toda la superficie terrestre en forma de malla, cuyas línea se denominan Hartmann”.

Esta red geomagnética natural forma una cuadrícula con celdas de 2×2,5 metros aproximadamente y está orientada de norte a sur.

ENFERMEDAD Y RADIACIONES TELÚRICAS


El nombre de esas líneas se debe al doctor Ernst Hartmann (1925-1992) que dedicó gran parte de su vida a estudiar la relación entre la enfermedad y las radiaciones telúricas.

Hartmann constató que un alto porcentaje de muertes entre sus pacientes estaba directamente relacionado con la existencia de geopatías. Hoy en día se relaciona la permanencia en la vertical de lineas Hartmann y sus cruces con alteraciones en el sistema inmunológico, endocrino y hormonal, lo que puede traducirse en muchos desequilibrios.
Si la presencia de un cruce Hartmann, comentó Pere León, coincide con alguna otra alteración geofísica como fallas o corrientes de agua subterránea , el efecto geopatógeno de la zona en cuestión se multiplica, de manera que la persona puede experimentar más dolencias y en un tiempo menor.

Para hallar el cruce de estas líneas Hartmann los científicos utilizan utensilios caros y sofisticados, pero el público en general puede conseguir en tiendas especializadas y a bajo precio unas varillas de cobre, material muy conductor, con los que, sujetas entre los dedos índice y pulgar de ambas manos y recorriendo con ellas la casa, indican mediante un movimiento perceptible dónde se hallan los creces de las líneas.

Otra varilla, del mismo material y de forma ondular, permite reconocer dónde se encuentra la emanación energética de una corriente de agua subterránea.

En España el pionero y gran divulgador del efecto de las líneas Hartmann fue Mariano Bueno. Bueno nació en Benicarló en 1958, a principios de los 80 realizó estudios de Agricultura Biológica y Geobiología en Francia y Suiza. Su nombre se dio a conocer al gran público a través de sus libros “Vivir en casa sana” y “El gran Libro de la Casa Sana”, publicados por primera vez en 1988 y 1992 respectivamente. Obras ya clásicas entre los amantes de la geobiología.

 
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