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Fujifilm X-E1: el reto de lo retro

Posiblemente la batalla entre los fabricantes de cámaras fotográficas se va a dirimir en el futuro en tres aspectos principales: la calidad tecnológica, el precio y el diseño, donde cabe algo más de creatividad que en los otros dos campos.

Un asistente observa las fotografías de la Agencia Centroamericana de Noticias (ACAN-EFE) que inauguró hoy, jueves 20 de junio de 2013, en San josé (Costa Rica) la exposición "40 años compartiendo nuestra historia", una muestra de 45 fotografías que ilustran las cuatro décadas que lleva informando sobre los acontecimientos más relevantes de la región. EFE/Jeffrey Arguedas
Un asistente observa las fotografías de la Agencia Centroamericana de Noticias (ACAN-EFE) que inauguró hoy, jueves 20 de junio de 2013, en San josé (Costa Rica) la exposición "40 años compartiendo nuestra historia", una muestra de 45 fotografías que ilustran las cuatro décadas que lleva informando sobre los acontecimientos más relevantes de la región. EFE/Jeffrey Arguedas


Parece que esto lo confirmaría el hecho de que, a partir de determinada serie de dispositivos, muchos fabricantes han empezado a optar claramente por diseños que, mayoritariamente, se remiten a cierto aire de los viejos tiempos. Es el reto de lo retro.
La Fujifilm X-E1, que para algunos es una versión más “barata” de la X-Pro1 de la misma marca nipona, causa en este sentido muy buena impresión desde el primer instante; agrada visualmente ese aspecto clásico.
Se trata de una compacta sin espejo, un segmento que parece que está destinado a tener una importancia muy significativa entre los usuarios, y al que todos los fabricantes están dedicando esfuerzos denodados.

Buena ergonomía, un peso aceptable y fácil de sujetar son aspectos destacados para la mayoría de los usuarios que, normalmente, no quieren grandes armatostes incómodos de llevar.
Por lo que se refiere a su uso, requiere un poco de atención porque se sale de los parámetros normales, si se opta por trabajar en el modo manual.
El visor -electrónico- se defiende con nota alta y desde luego es preferible a no contar con esa posibilidad como ocurre en otras cámaras.
Una vez colocado el ojo en el visor empieza lo interesante porque toda la información que se puede ver permite elegir la opción preferida en cuanto a velocidad de obturación, ISO, diafragma, velocidad, etc e ir cambiando las preferencias con relativa facilidad.
La velocidad de obturación se selecciona con una rueda situada en la parte superior de la cámara y , además, con una ruedecita situada en la parte posterior su puede reajustar en tres pasos esa preselección, según las condiciones, de luz. En la parte de arriba está también el mando del control de valor de exposición.
Por ejemplo, si se ha seleccionado una velocidad de obturación de 1/500, se podrá corregir arriba o abajo tres puntos para ajustar la velocidad al punto ideal que se supone que se logra cuando coincide con el punto cero en la barra de luminosidad que aparece en el visor. Parece complicado pero, una vez cogido el truco, es muy útil.
El flash está integrado en el cuerpo de la cámara y además el cuenta con una zapata pata poder colocar otro exterior.

Por lo que respecta al enfoque es suficientemente rápido y silencioso, aunque no tanto como para que la inmediatez se pueda considerar uno de sus puntos más fuertes.
Un botón “Q” situado en la parte posterior de la cámara permite ver todos las funciones posibles y acceder a ellas. Por cierto, al apagar la cámara no se reinician, por lo que hará que tener un poco de atención y comprobar que es lo que está seleccionado, especialmente si se opta, por ejemplo, por el balance de blancos personalizado.
En resumen, la X-E1 es un producto muy aceptable, con un precio aproximado de 1.300 euros, que puede resultar un poco por encima de otros modelos parecidos de la competencia pero que está por debajo de la X-Pro1, sin que las diferencias sean tan radicales como para no optar por ella. EFE
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