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La lomografía celebra con champán sus 20 años de fotografía heterodoxa

(EFEfuturo).- Hace ya 20 años que los jóvenes estudiantes austríacos Matías Fielg y Wolfgang Stranzinger protagonizaron una rocambolesca historia que, con el paso del tiempo, ha dado lugar a uno de los movimientos heterodoxos más interesantes del siglo XXI en el mundo de la fotografía: La lomografía.



La historia es conocida: en 1991, los dos estudiantes vieneses citados estaban de vacaciones en lo que todavía era Checoslovaquia y, por casualidad, compraron dos viejas cámaras LC-A fabricadas en la URSS.
Estas cámaras, que ya estaban en declive total, fueron producto de la colaboración del general del ejército soviético Igor Petrovich Kornitzki y del ingeniero civil Mijail Panfilovich Panfilov (no es broma) que era director de una fábrica de óptica para las Fuerzas Armadas de la URSS, llamada LOMO (Unión de Mecánica Óptica de Leningrado, por sus siglas en ruso).
Ambos decidieron colaborar en 1982 para poner al alcance de los ciudadanos de la URSS una cámara compacta barata con la que pudieran acceder al mundo de la fotografía.
Es verdad que en la URSS ya se fabricaban entonces cámaras de calidad (Zorki, Fed, Zenit), pero eran poco asequibles para el salario medio que recibían los trabajadores de ese país.
La cámara de plástico y metacrilato, con una distancia focal de 32 milímetros, fue producida por millones y llegó a Cuba, Vietnam y la mayoría de los Estados del bloque socialista.


Fotos “al buen tuntún”


El caso es que los dos estudiantes hicieron fotos de Praga “al buen tuntún” y cuando las revelaron, de vuelta en Viena, llegaron las sorpresas, ya que las fotos era totalmente diferentes de lo que se consideraba en aquellos tiempos una foto normal, sobre todo en lo que se refiere a saturación de color.
Así que, vistos los sorprendentes resultados, los dos avispados vieneses decidieron montar un negocio y empezaron a vender cámaras Lomo LC-A que “importaban” del bloque socialista de forma absolutamente ilegal. Una especie de fiebre se apoderó de la sociedad vienesa que quería tener una Lomo a toda costa.
Y de esa fiebre social nació en 1992 la Sociedad Lomográfica, más o menos como es conocida al día de hoy, una asociación de usuarios de la fotografía química o de película, que no debe ser llamada analógica, que cuenta con cientos de miles de fieles en todo el mundo.


“Lomos” también “made in Spain”


Hoy es posible ver una foto lomográfica hecha en Singapur, en China, en Rusia, España o en los Estados Unidos. Es fácil encontrar fotos de París con lluvia, de Berlín con sol o de las calles de Barcelona. Y no solo con las LC-A, sino con cualquier cámara tradicional, sobre todo soviéticas.
Pero todas las fotos, o la gran mayoría, tienen algo en común: responden a un criterio fotográfico distinto alejado de los patrones tradicionales y así se verán colores saturados, fotos desenfocadas, dobles exposiciones y extravagancias de toda índole.
Apuntar también que las Lomo LC-A que se venden en la actualidad ya no son fabricadas en Rusia sino en China desde 2006, cuando el consorcio de Leningrado decidió cerrar la fábrica, para gran disgusto, entre otros, de Vladimir Putin y Robert Redfodd, reputados seguidores de este movimiento.
Curiosamente fue Madrid la sede del primer Congreso Mundial de LOMO en el año 1997 y el Centro Pompidou de París organiza con frecuencia exposiciones lomográficas.
En el lado negativo hay que anotar que los precios de las nuevas cámaras están muy alejados de los de la extinta URSS y se acercan mucho más a los vigentes en el mercado occidental.
Para celebrar los 20 años lomográficos se ha lanzado un modelo Diana Cuvée Prestigue a un precio inicial de 99 euros. EFE

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