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Una tasa a internet despierta el malestar de los húngaros contra el Gobierno

EFEFUTURO.- Ni sufrir el IVA más elevado de la UE ni el coqueteo con la extrema derecha han logrado movilizar a los húngaros contra su Gobierno. Ha sido un impuesto de apenas dos euros sobre internet el que ha provocado una avalancha de protestas en el que los analistas ven el germen de una nueva oposición.

 

Miles de manifestantes iluminan sus celulares al cruzar el río Danubio durante una manifestación en contra de un impuesto al Internet que el Gobierno húngaro planea introducir hoy, martes 28 de octubre de 2014, en frente del Ministerio de Economía, en Budapest, Hungría. En dos días es la segunda manifestación masiva contra de la mencionada tarifa. EFE/LASZLO BELICZAY

Miles de manifestantes iluminan sus celulares al cruzar el río Danubio durante una manifestación en contra de un impuesto al Internet que el Gobierno húngaro planea introducir hoy, martes 28 de octubre de 2014, en frente del Ministerio de Economía, en Budapest, Hungría. En dos días es la segunda manifestación masiva contra de la mencionada tarifa. EFE/LASZLO BELICZAY

“Frente a los problemas relacionados con la democracia, algo abstracto para muchos, en este caso la gente entiende bien de qué se trata, ya que les afecta directamente, aunque no sea el impuesto más elevado”, explica a Efe el director del centro de análisis Instituto Republikon, Csaba Tóth.

Ese abrir de ojos ha llegado en forma de un proyecto de ley del Gobierno conservador para gravar con 50 céntimos de euro cada gigabyte de datos usado en internet, hasta un máximo de 2,2 euros.

Una cantidad moderada en comparación con otras tasas, pero ante la que los húngaros reaccionaron inmediatamente.
El pasado domingo, cuatro días después de presentarse el proyecto, decenas de miles de personas protestaron en las grandes ciudades contra una medida que ha sido rechazada tanto por la oposición como por las asociaciones de usuarios y las empresas proveedoras de internet.

El martes, coincidiendo con el comienzo del debate parlamentario de la ley, unas 20.000 personas se echaron a la calle en Budapest para mostrar su rechazo.

Estas protestas han sido de las más concurridas desde que el primer ministro Viktor Orbán y su partido Fidesz llegaron al poder tras arrasar en las elecciones de 2010.

Al año siguiente, una ley que aumentaba el control del Gobierno sobre los medios provocó también el enfado y la movilización ciudadana.

Desde entonces, Orbán ha aprobado medidas polémicas sobre el control de la Justicia y el Banco Central, ha nacionalizado los planes de pensiones privados y ha coqueteado con el nacionalismo y la extrema derecha.

También ha ganado, sin que nadie le haga sombra, todas las elecciones: europeas, generales y municipales, estas últimas, hace apenas tres semanas.

Según Tóth, estas protestas van más allá del coste económico que supone en nuevo impuesto y son también una reacción en defensa de la modernidad, la libertad y el modo de vida occidental, frente al cada vez más evidente giro de Orbán hacia Rusia.

El Gobierno húngaro ha cerrado importantes acuerdos económicos con Rusia y ha criticado las sanciones de la UE contra este país debido a la guerra en Ucrania.

El propio Orbán no ha ocultado su plan de una “apertura hacia el Este” en lo económico aunque insistiendo en que Hungría navega en el barco de la UE.

Sobre ese difícil equilibrio entre Occidente y Rusia, el presidente del Parlamento, László Köver, ha asegurado que si Bruselas trata de dictar sus políticas a Hungría “sería oportuno pensar en como salir lentamente y con cuidado de esto”.

Los manifestantes parecen tener claro a que bando apoyan. En las marchas, formadas sobre todo por jóvenes y familias con hijos, se han podido ver muchas banderas de la Unión Europea.
“El componente simbólico se conecta con el contenido concreto de las protestas”, añadió Tóth.

Este analista considera que el Gobierno no ha evaluado bien el impacto que iba a tener el nuevo impuesto y que su popularidad puede sufrir un lento desgaste.

Aún así, el Gobierno ha anunciado que no retirará el proyecto. Con una mayoría de dos tercios en el Parlamento, no tendrá problemas para sacarlo adelante.

“La retirada de la propuesta sería contraria a las políticas del Gobierno, ya que no suele retroceder. Eso significaría una pérdida de prestigio”, indica Tóth. EFEFUTURO
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